Bueno, niños, que no me gustan las despedidas, así que lo haré lo más corto posible. Me voy, se me acabaron las letras, o las perdí, aún no estoy seguro. Lo malo es que también perdí las ganas, y entre todas ellas, las de mantener a flote este barquito, así que, adiós. Besos muchos y gracias por todo
Rahzel / MTM2000
Prometió no volver a hacer trampas. Se enfurruñó, lloriqueó y revolvió el tablero dejando esparcidas todas las fichas por el suelo de la habitación mientras encima de mi cabeza parpadeaba un signo de interrogación que alternaba con otro de admiración. Me propinó un tortazo sin usar las manos para después brindarme la espalda a la que tantas veces me había encaramado y que ahora no sé por dónde agarrar. ¿Dónde están esas asas de las que tanto presumías? Ya no sé por dónde cogerte. Esas asas que agitabas para convertir en alas y metamorfosear en la luciérnaga que guiaba mis pasitos por esta casa tan grande alejada de todo. Y digo pasitos porque no puedo evitar sentirme pequeño a tu lado, no por tu estatura, si no porque me haces no entender las cosas que hace cinco minutos consideraba sencillas, y me siento como un niño tonto que pregunta por todo.
Los días siguientes se empeñaron en avanzar muy despacio, mientras me sobraban trozos de tu casa por todos lados. Esta vez no tenía un plan B, así que volví a Madrid huyendo de tus vacíos.
Lo he estropeado todo, ¿Verdad? ¿Aún me queda derecho a pedirte que tengas paciencia conmigo? Otra vez recurres al teléfono, como siempre que rompes algo y yo ya estoy lo suficientemente lejos como para que me suene a eso, a lejano. Y con la gran facultad que tienes de hacerme sentir culpable me arrancas las palabras.
Creo haber visto una lágrima al otro lado del teléfono. Si yo la he provocado, pido secar siempre todas las que se atrevan a asomar por tus ojitos, las que inundan tu rincón que fui contruyendo despacio a base de trocitos de tu tiempo y desencuentros, de miradas despistadas y desayunos frustrados, de cafés de madrugada y de píopíos mañaneros, con camas para dos y edredones que según tú me echan de menos. Pero esta vez no es culpa mía, así que no hay nada que secar. Duele un poco, pero es necesario ¿Lo comprendes? No puedo estar sólo cuando tú quieras que esté, y no, no importa que llores. Haré un cucurucho con la última página de nuestro libro y en él guardaré a esas que tú llamas lágrimas para poder echártelas en cara si vuelve a ocurrir.
Y es que ella lo quiere todo. Las magulladuras, las cicatrices… Quiere alardear de un corazón deslucido que indique se hizo daño pero que también hubo alivio a sus heridas. Quiere no tener miedo a romperse. ¿Otra partida, dices? Creo que ya no me quedan ganas de jugar.
Boards of Canada / In a Beautiful Place in the Country
Yo era especial, por extraño que suene, lo sabía y me sentía como tal. El día que nací (hace bien poco), el médico observó dos cicatrices, una a cada lado del ombligo. A la derecha había un SÍ mientras que la del lado izquierdo rezaba un NO. Todo era más fácil, sólo pronunciando esas palabras, las que llevaba a cada lado de mi ombligo, podía hacerme entender.
Bebo & Cigala / Lágrimas Negras
Walter Wanderley & Luiz Henrique / In my automobile
Esta casa, cada día tiene los techos más bajos.
Bebo & Cigala / Lágrimas Negras
Hay días en los que mientras paseo por Madrid, mi supuesta ciudad, me pregunto al pasar por la Plaza Mayor de dónde sacarán tantos calamares para hacer bocadillos y porqué al 90% de las palomas que pululan por allí recogiendo las migas de estos, les falta siempre alguna de las falanges de sus dedos, en ocasiones dedos completos y alguna vez que otra, la todalidad de una pata. Me pregunto si guardará alguna relación. Pero bueno, no es de lo que iba a hablar. Andando por Madrid, muchas veces me siento como un extraño. Ya desde pequeño, la gente que me rodeaba me tachaba como tal. El no haber mordido jamás en mi vida una manzana, el que entrase en clase por las mañanas y en vez de saludar arañase la pizarra de lado a lado para decir "Eh, soy yo. Ya he llegado". Aunque bueno, para qué engañarnos, también lo hacía para que a las niñas de mi colegio se le pusiesen duros los pezones causa / efecto de la dentera y así yo poder adivinarlos tras el polo blanco de su uniforme. Esto y muchas más acciones que llevaba a cabo a lo largo del día, daba a la gente qué pensar, para acabar colocándome la etiqueta de niño raro.
Extraño, extraño, extraño. Desde muy pequeño es una palabra que ha ido siempre conmigo de la mano. El haber nacido allí, vivido aquí, criado allá…
No me siento inglés en absoluto, gracias a dios (y sí, pongo dios con minúsculas, qué pasa). Rara vez me siento madrileño y sólo me siento gallego una media de tres o cuatro días al año. El caso es que la mayoría del tiempo me siento un extraño, nada de términos trendies y cool tipo "habitante de la aldea global" ni tonterías así, extraño con todas sus letras. Supongo que la afición de mis padres a viajar e ir de aquí para allá constantemente ha influído mucho en mi estado actual. O sea, que como siempre, la culpa la tienen los padres.
Antipop Consortium / Ping-Pong
Herrmann und Kleine / Our Noise
Djm cnclr l sñ, dj d mrrm s, dj d vvr n m lmhd sn pgr l lqulr, dj d prcr, dsprcr pr ms trd rprcr, n djs q m dsprtn s n sn ts mñns.
African Head Charge / Shrunken Head
Antes decidir ciertas cosas era más fácil. Si pienso no beso y si beso no pienso. Devoro hoja tras hoja el manual. Nunca se termina, porque cada día el cartero viene con un nuevo fascículo. Leo pero no memorizo ya que estoy pensando en otras cosas, paso las hojas y no recuerdo ni una letra de la anterior. Escribo en los bordes de las páginas palabras que me gustan, busco términos y verbos biensonantes. Mira, en esta página parece que hay algo interesante:
Falsa alarma. Estoy cansado de buscar y creo que mis ojos también. Prefiero actuar por impulsos. ¿Las consecuencias? El día que aparezca un manual para esto, mis ojos estarán más descansados.
Sixtoo / Antagonist Survival Kit
Cuánto tiempo llevo sin escribir. Y es que en otoño, al igual que a los árboles se le caen las hojas, a mí se me caen los dedos, voy dejando mis ganas desperdigadas en cada esquina y mis letras guardadas en un cajón, miedosas a un resfriado.
Últimamente, pienso que escribir por escribir cobra más sentido. Así que no me voy a dejar convencer por una estúpida estación, ni por tener últimamente una nube permanente en la cabeza. Está mal echarle la culpa de todo al clima, como ya lo hice con el verano, así que esta vez asumo toda culpa. Me niego a darle el placer y la razón a un periodo de tres meses. Porque no tiene mérito. Porque he perdido mejores concursos, me han herido en guerras más largas enemigos más fuertes. He sido feo frente a espejos mejores y me han dicho que NO mujeres más guapas. Me han echado de bares más lujosos y he vomitado vinos más viejos. He perdido en apuestas más caras y he pasado sed en desiertos más grandes. Así que esta vez no, esta vez los méritos me los llevo yo.
John Coltrane / A Love Supreme
Hace bien poco hablando con un niño, me preguntó si la Niña de la Tienda de Fotos existía, si no se trataba de un recurso literario, de una metáfora. Por supuesto que existe, es de carne y hueso, de nitrato de plata y líquido de revelado. De café y humo a medias. Si no existiese, hoy no hubiese tenido que despedirme de ella. No hubiese tenido que forzar mi sonrisa ni hubiese dejado un teecharédemenos en voz bajita, dicho con la boca pequeña, sobre su hombro mientras ella me abrazaba y yo notaba el calor de sus ojitos, más brillantes de lo normal junto a mi cara. Mi cara agradecida de recibir un beso, incluso dos desde una boca torcida que tantas tardes ha ido deshojándome café tras café. Un silencio de un segundo a cámara lenta más tarde, y dando dos pasos hacia atrás sin girarme, logré enfocar su carita con un puchero en la boca y esos ojitos con los que me haría un paraguas para que no me llovieran más que sus miradas.
"Elena, te quiero un poco y aún no sé porqué", le dije cuando estaba lo suficientemente lejos para que no me oyese. Mientras se alejaba, vi cómo dejaba granitos de café tras sus pasos para que algún día volviese a encontrarla.
Die Anarchistische Abendunterhaltung / Magisches Theater Eintritt Nicht für Jedermann nur für Verrückte Eintritt Kostet den Verstand
Hace ya tiempo, me encontré con una niña dentro de mi reloj, escondida detrás de los minutos mientras jugaba con mis segundos. El día que la descubrí, se apresuró a esconderse, a camuflarse entre las manecillas. Yo besaba su esfera y dejaba trocitos de chocolate con la esperanza de que algún día saliese. Aunque en el fondo la entiendo, debe sentirse molesta cuando la miro anonadado, absorto, algo imposible de evitar ya que no puedo ocultar a estas alturas que me guste esa niña. Me gusta que juegue con los engranajes del reloj y haga pararse el tiempo, aunque me conformo cuando lo domestica y le hace ir más lento.
Cualquier día abandonará mi reloj, yo me haré un ovillo, ocuparé el espacio que dejó vacío, e intentaré memorizar su olor, mientras le doy cuerda. No quiero perder ni un minuto, ni un tic, ni un tac. No quiero despedirme.
Gros / Ondo Eta Zu
Hoy es un día aciago, odio los días así. Sin ganas de hacer nada ni de ver a nadie. Bueno, a alguno que otro. Aunque estoy seguro de que hoy no soy buena compañía, no tengo ganas de escribir y estoy de bastante mala ostia, incluso estoy por leerme otra vez Mein Kampf, amplicarme el cuento y crear una raza nueva a mi imagen y semejanza, los anglocaucasigitanegroesquimorogallegos, dominar mi barrio, hacerme presidente de la comunidad de vecinos, después del gobierno, más tarde, directivo de la ONU, y finalmente, convertirme en un ser supremo: Presidente de la FIFA.
Este post va por CuCu, gracias a sus comentarios y por ser tan majo. Confieso que hoy no estoy de humor, así que probablemente este post se autodestruirá en 24 horas. Hasta entonces, ahí se queda.
El señor Dolce me da la hora mientras la señorita Gabanna me susurra los minutos. Miro al sol a través del cristal oscuro de Gucci mientras meto mi mano en el bolsillo de unos pantalones que hasta hace poco creía míos pero resultaron ser de una tal Donna Karan, para colocarme bien los calzoncillos que sustentan mi virilidad bajo el nombre de Calvin Klein. Intento que las ideas no se me escapen y les pongo un tope en forma de gorra Stussy. Huelo tal y como le hubiese gustado a la Señora Carolina Herrera que oliesen sus hijos mientras el señor Armand Basi me abraza en forma de abrigo para que no pase frío y un tal Nike guía mis pasos. Y a pesar de todo, llevo pintas de guarro. Estoy marcado. Porque yo lo valgo.
Kraftwelt / Retroish
He estado buscando en mi antigua casa (blogger) lo que había escrito un día como hoy pero hace justo un año y un día. Me he encontrado esto de aquí abajo, y la verdad, es prácticamente igual a como me siento hoy, casi nada ha cambiado. Todos los años me pasa lo mismo, y no es por nada de que me sienta mayor ni nada de eso, que conste. En estas fechas no puedo evitar estar de mala folla, así que copio y pego.
7/10/2002 FELIZ MAL DÍA
Hoy es mi cumpleaños. No es que le dé mucha importancia a los cumpleaños, y mucho menos al mío, supongo que me pone triste por razones que no vienen al caso. Mi hermano me recordó ayer que hoy era mi cumpleaños. Cada año se acuerda menos gente. Sé que paso de estas cosas, que es un día más como otro cualquiera, pero supongo que me haría ilusión que la gente se acordase, aunque claro, ¿cómo iban a acordarse de una fecha que evito citar a toda costa? Estoy de mala ostia. Quiero regalos pero no quiero que me feliciten. Además de que hoy estoy espeso, esto es difícil de explicar, como escribir las memorias de un amnésico.
Hoy me he despertado y besado a Babú, que estaba durmiendo a los pies de mi cama. He bajado al bar de debajo de casa y al ingerir el primer trago de mi café he empezado a tener uso de razón. Este bar huele meados, lejía y tortilla de patata, pero el café es genial. Me he ido a trabajar. He vuelto de trabajar.
Como no tenía nada que hacer, me he puesto a recoger mi habitación. Esta conducta inexplicable me posee al menos una vez cada dos meses. Me he encontrado una moneda de 25 pesetas, un anillo de plata, un libro de Marguerite Duras y un calcetín fugitivo que estaba en busca y captura desde antes de verano. Ahora la misión será encontrar su pareja. El día de mi cumpleaños se está volviendo de lo más emocionante por momentos. Es una pena que hoy no llueva.
Siento que el fin de Pato de Pico Cuadrado está cerca y no puedo evitar que la tristeza me inunde. Una historia tan cargada de emociones, llena de amor, de odio, de aventuras y desventuras, es difícil quitarla de mi cabeza. Tantos momentos inolvidables a su lado, tantas cosas por contar... Snif.
Bienvenidos a la tercera y última entrega de amores imposibles.
—De primero, tomaré unas construcciones de currys de Fraguel Rock, de segundo tráigame unos emparedados de Scooby Doo y de postre… me apetece una tarta de zarzaparrilla de los Pitufos. O no, perdone, casi mejor de postre unas gumibayas, que prefiero algo así, más ligero—
Según se alejaba el camarero, de repente desperté para darme cuenta de que el maitre y el restaurante donde te conocí jamás existieron.
Nathaniel Merryweather / Music to Make Love to your Old Lady by
Azul siempre se había fijado en Naranja. Ese tono tan alegre en su cara, esa calidez. A su vez, Naranja, desde pequeña, había puestos sus ojos en Azul, ya que le atraía sobremanera ese carácter frío y distante. Y hablando de distancia, era grande la que les separaba, ya que eran colores totalmente opuestos en el círculo cromático. Naranja era la romántica, la que instaba a Azul a besarse, a mezclarse entre sí, pero Azul, como siempre, frío y calculador, le recordaba las consecuencias: cuanto más se acercasen, su relación iría apagándose, corriendo el riesgo de caer en el más oscuro de los vacíos.
Aphex Twin / Druqks